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Y desapareces
sin dejar rastro, sin dejar contacto.
Desapareces y yo tengo que soportar tu ausencia porque es lo que hay,
y porque estoy donde estoy porque yo misma lo acepto y,
por lo tanto, soy responsable de ello.
Sería tan fácil(mente) difícil decir:
Basta.
Pero no, aquí sigo, pensándote en tus ausencias,
lista para cuando decidas regresar,
dispuesta a darte las buenas noches cuando te plazca
comunicar.
Lo mismo pasa con esos besos, que (me) dije que ya no quería,
porque me apuñalaban el corazón
y me herían el olvido.
Lo mismo pasa pero,
que no me puedo quejar,
porque soy yo la única responsable de recibirlos
cuando tú te decides a dejarte ir
y regalármelos...
Podría decir que no.
Debería.
Pero cómo hacerlo...
si me derrito en cada beso,
si mi piel extraña la tuya cuando hace demasiadas horas que no se tocan,
si mi cuerpo ansía tu contacto, tu cuerpo, tu latir, tu calor,
tu energía pegada a la mía...
Cómo hacerlo si mi sexo te desea,
si me muero por tenerte entre mis piernas,
por estar entre las tuyas,
por erizar tu vello y reseguir con mi lengua
esos pezones de media luna...
Si nuestros cuerpos están hechos para vivir encajados
y nuestras almas están hechas para caminar de lado...
Cómo resistirme a no prestarte mis labios cuando los solicitas...
Y cómo hacer para no atormentarme cuando decides no solicitarlos.
Cómo hacer para sobrevivir en esta cuerda floja...
Aguantaré,
hasta que un pie resbale
o las fuerzas desaparezcan
y me caiga en el vacío del noestar.
.
diumenge, 22 de desembre del 2013
dimecres, 18 de desembre del 2013
divendres, 13 de desembre del 2013
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Tengo sed de naturaleza.
De ocres, de oros amarillos y marrones anaranjados imposibles de descifrar
que cubren toda la paleta
tiñiendo el paisaje de este otoño tan hermoso
de amaneceres brillantes rosados y
de atardeceres pausados ardientes, rojizos de sol horizontal.
El vaivén de las hojas,
medio secas
medio muertas
medio vivas.
El desapego de ese árbol añoso
que se desprende de su manto
y se prepara solemne y bello
para un invierno en calma.
Qué belleza de paisaje,
qué sed de naturaleza,
de tambores, de cálices, de gemas, de ritos,
de volver a la esencia y (re)descubrir el poder de lo femenino.
Tengo sed de mí.
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Tengo sed de naturaleza.
De ocres, de oros amarillos y marrones anaranjados imposibles de descifrar
que cubren toda la paleta
tiñiendo el paisaje de este otoño tan hermoso
de amaneceres brillantes rosados y
de atardeceres pausados ardientes, rojizos de sol horizontal.
El vaivén de las hojas,
medio secas
medio muertas
medio vivas.
El desapego de ese árbol añoso
que se desprende de su manto
y se prepara solemne y bello
para un invierno en calma.
Qué belleza de paisaje,
qué sed de naturaleza,
de tambores, de cálices, de gemas, de ritos,
de volver a la esencia y (re)descubrir el poder de lo femenino.
Tengo sed de mí.
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dimecres, 11 de desembre del 2013
La noche, tu y yo.
Dos cuerpos amigos, dos cuerpos que se conocen diría yo
tan cercanamente que no existen misterios del uno para el otro
ni del otro para el uno...
He recorrido tantas noches tus lunares y tu piel tersa y suave, tu rostro tus ojos tus arrugas las comisuras de todos tus labios...
Un baño caliente, dos copas de vino, aceite de argán
y poco más hace falta
porque estamos aquí y nos conocemos y nos queremos.
Y dormir abrazando tu espalda desnuda...
poco más hace falta para respirar tranquila.
Ternura profunda, te quiero tanto,
que por qué será que sabemos tan poco de amarnos...
Me siento una verdadera inexperta del amor....
Y por la mañana despertaremos en cualquier otra posición diferente a cómo nos dormimos y naturalmente te diré buenosdíasbonita y me darás un beso y nos amaremos como sólo sabemos hacerlo por las mañanas.
Desayunaremos en un buffet vacío de huéspedes y volveremos a encontrar el sueño soñoliento que nos embriaga cuando tenemos el estómago lleno y paz en el alma. Y todo estará bien, cada quien irá a su casa a seguir con sus quehaceres diarios y la vida seguirá, igual pero diferente, como cada mediodía.
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