dimarts, 16 d’octubre del 2012

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Empiezan a estallar
los amaneceres en mi ventana
reflejando soles y dorados
marrones otoñales
hojas secas
que
caen,
mueren,
y no dicen nada.

Sólo el silencio de la aurora,
de esos momentos
cálidos
reflexivos
que se acompañan con sabor
a café  (des)cafeinado.

Me ansío,
me he despertado.
Me releeo y me sorprendo
adolescente y joven
buscando el arte,
no,
reclamándolo.

Y me robo una sonrisa
y una
complicidad.
Me la autorobo del pasado
y mi alteridad envejecida
lo observa como aquél que se sienta a aprender
de la curiosidad y las ganas de vivir
del recién nacido.

Y me doy las gracias en pasado.


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DeSoCupaMe la MenTEeeeeeEeeEeeeEeeEEeEEeeEeeEEee!!!!!!!

Porfavor

...
...

¿Dónde quedaron
esos tiempos en los que
somos felices?

¿Cómo puede ser
tan volátil la sonrisa
tan efímero el amor
y tan denso el dolor?

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Me apetece una de Courbet
dans le Petit Palais.

Perderme en le sommeil
de l'origine du monde
et encore...

Ven
arte,
para desmantelarme el alma,
desperezarme los latidos
anestesiados del sofá.
Del letargo acomodado en el que vivían
sin vivir,
exisitir sin existencia
sin palabras necias o mal puestas
en binario
en una hoja no de papel.

Me apetece
volverme a despertar.
...











diumenge, 14 d’octubre del 2012

...

Quizás no quiero aprender
que necesitamos un descanso
pasajero.

Para requerernos
y revalorarnos,
para reconfiarnos
y
redescubrirnos.


Quizás tengo miedo de intentar
perderte un poco para
ganarte un mundo.

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...

es tarde
es noche
y la luna aparece sujeta
a un hilo de seda
inimaginado.

El otoño sacude con fuerza las hojas
dicen,
yo no veo ninguna moverse.
También dicen que llueve fuerte y hace frío
pero aquí es calma
pesada
inamovible.

Entonces,
¿por qué no vienes?
y
¿por qué quiero que vengas?

Pasan los minutos
y las horas
con los dedos pegados a unas teclas
que ni tan sólo existen.
Esperando una llamada que ni tan sólo llega
Esperando unas caricias que ni tan sólo espero.

...
...

Y ahora me iría
a cualquier café de Paris,
sentada en una terraza
de esas
con las sillas mirando la calle
degustando un café noisette
y viendo el glamour pasar.

Sentir la ciudad melancólica y
acompasarme con su cándida frialdad.

Oler el amor, las azoteas llenas de sexo.
Acariciar en mi recuerdo alguna fina piel sin nombre.

Evadirme al fin y al cabo
y encontrame paseando de puntillas
por Montmarte
para no interrumpir
los besos románticos de parejas imaginadas
de
deseos inalcanzados
de amores certeros
de paz, amor, sonrisas y complicidades
encubiertas por una fina lluvia otoñal.

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